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28 enero 2011

Luneta, recortes



Tarde del miércoles, día 1.

"Tienes que estar lista para todo" dice mi vecina y amiga mientras caminamos por la calle de Lizardi, hacia San Francisco.

Mañana del jueves, día 2.

"Disculpe, ¿ha visto a un perrito así?" Le extiendo la hoja con fotografías y palabras que sé pocos leerán."Hmm no, la verdad no señorita" "Bueno, gracias". Creo que la expresión de mi cara ya no cambia, después de hacer la misma pregunta; hasta ahora más de 30 veces.

Mi cara es la misma. Preocupada y sabia. Sabia porque ya sabe lo que dirán todos:

"No" “…”

A veces ni siquiera miran las fotos,"¡Vi uno! pero era blanco". ‘Se ve en la foto que es negro ¿no cree?’, pienso, pero callo.

"¡Uyyy! no, pues no"

"¿Yo? yo no me fijo en eso". ‘Idiota’, pienso… pero callo.

Y naturalmente la respuesta que más me molesta, me hiere y me arde: "¿Lo perdió?"... ¡No! ¡No lo perdí! Me parece extremadamente divertido vagar por el centro de la ciudad preguntándoles a todos si han visto a una amiga que cuidaba y amaba. Además, en todo caso; se escapó y no a mí, a mi mamá.

Ni hablar, ellos no tienen la culpa. Subo los escalones de la papelería que está enfrente de la escuela primaria, en la Avenida Hidalgo por la que he pasado ya tres veces en estas cuatro horas."Necesito 10 copias más". Me dirijo al parque, empiezo a pegar las hojas que después veré arrancadas, rayadas y pisoteadas. Claro, vivo en México. 'Cuando la encuentre, despegaré cada cartel y lo reciclaré'.

Ya grité su nombre en el mercado de “La Surtidora”, por dentro y por fuera; en las ruinas del hospital del niño; en la avenida, más bien avenidota, de Lizardi; en las calles que se extienden hacia abajo y hacia arriba de esa última; cerca de la casa de mi tío; en los parques cercanos...

Nada.

Na-da.

El calor en todo mi cuerpo y el dolor en el alma, pero nada.

Nada.

No hay nada.

'Es sólo un perro' dice mi cerebro que quiere dejar de buscar, de extrañar. 'Pero es MI perro' dice también mi cerebro que ordena a mis piernas a seguir caminando.

Tengo hambre.

Ahora huele mal. Huele a gris, a negro, a una ausencia que pocos extrañan, a tristeza, a electricidad que acuchilla. Huele a muerte. Acabo de abrir la puerta del patio del antirrábico, de la perrera de la ciudad. Bajo la fría escalera de metal y miro al frente, esperanzada. Estoy frente a una de las tres grandes jaulas, los canes son muy grandes, ella no está ahí. Segunda jaula, perros grandes, medianos y uno que otro pequeño. Ella, pequeña y negra, no está ahí."¿Luneta?" les pregunto a los inocentes… y me hago tonta.

Me hago tonta. Me hago tonta. Ya sé que no está ahí.

Ya hubiera salido. Ya hubiera brincado. Ya la hubieras visto. Tonta.

"¿Luneta?" Ellos me miran, gimen, ruegan. '¿¿Pero es que lo saben??'

El más alto de todos, flaco, blanco y de ojos adorables da un salto sobre la pared, cerca de la jaula y chilla, una vez más. Evito su mirada.

Camino hacia las jaulas pequeñas."¿Amor?" No, es una bola de pelos color beige y mugre. En la siguiente jaula hay unos ojos negros y obscuros que me miran fijamente. "Lo siento" le digo de todo corazón. Escucho el dolor del siguiente perro, está echado y ni siquiera me huele. Se ve muy enfermo, como si su piel hubiera sido comida por ratas. Va a morir pronto, no van a tener que usar la electricidad, su padecer se lo llevará antes.

Un gruñido profundo, de madre; se escucha cuando me acerco a la última jaula de la segunda hilera de jaulas individuales. "No me los voy a llevar, shhhh". La hembra cuida a seis o cinco de sus cachorros.

Me siento vacía, otra vez. Mis pies son fuego, mis piernas gelatina con grumos, mi estómago un abismo, mis brazos pesas colgando y mi cabeza una bomba nuclear; que estallará si no llego a casa pronto, que estallará si no rompo en llanto: pronto.

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Noche de un viernes 28, 6 meses después

¿Pero cómo se siente ella? ¿Vacía? ¿Sus pies habrán sido fuego, después de correr y correr buscando a mi madre? ¿Su piel será gelatina putrefacta arrollada por un automóvil? ¿Su estómago será ya casa de gusanos?

¿Su cabeza irá a estallar si no llega a casa… a casa… A CASA, pronto?

El pronto nunca fue. A casa nunca fue. Se escapó muy lejos de casa. Busqué lo más que pude, lo que me restó de vacaciones y lo que la escuela me dejaba de tiempo libre.

Imagino que ambas cabezas estallaron, porque el pronto nunca llegó.


3 comentarios:

Una amiga dijo...

Pasando ya tanto tiempo y visto desde otro enfoque tiene otro color. Triste, sí, melancólico, pero me gustó mucho la forma en que lo redactaste.

Ahora todo esta bien, eso creo.
:)

Anónimo dijo...

aaawww :( pobresillo!!

Richo dijo...

Te quiero pequeña. Me gustó mucho como lo escribiste y me alegro de haberte ayudado a buscarlo.
Lo siento mucho por la pérdida, entiendo como te sientes y sólo puedo decirte una cosa: Vive :)
te quiero pequeñuela y me alegra que estés mejor